El caos desatado por las decisiones de un árbitro: A 40 años de la tragedia del Alfonso López

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Hace ya 40 años que el licor y el mal manejo de las autoridades públicas desataron una de las peores tragedias que haya visto el fútbol colombiano. Hoy, en Fútbol al instante, la recordamos junto a sus protagonistas para que la historia no se vuelva a repetir.

Era la mañana del 11 de octubre de 1981 y no era una fecha cualquiera para los hinchas del Atlético Bucaramanga. Todos en la ciudad bonita despertaban con la ilusión de ver a su equipo vencer al Junior de Barranquilla y avanzar a la fase definitiva del campeonato del Fútbol Colombiano.

Los búcaros estaban llenos de esperanza con conseguir esta clasificación. Solo se comparaba con la vivida en 1975 cuando el club finalizó cuarto en el campeonato. Así lo sentían los hinchas del ‘Leopardo’, así lo palpitaba Ernesto Duarte, fiel hincha del Atlético Bucaramanga, quien iría al Alfonso López vestido de Auriverde junto a su esposa, Helena Molina, y su sobrino de diez años, Juan Carlos Duarte. “Recuerdo que estábamos en la tribuna occidental, al otro lado de los estacionamientos. El estadio estaba colmado y había tantos hinchas que hasta se subían a las rejas de seguridad para alentar.” dijo Juan Carlos Duarte.

La semana previa al día del partido, todos en la capital del departamento de Santander hablaban de ese compromiso ante el Junior, donde solo bastaba un empate para soñar con el paso a las finales. Desde el viernes se vendían las boletas para este compromiso y para el domingo se puso a la venta el remanente de la boletería.

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Estadio Alfonso López en el año 2002 (Foto vía Facebook Atlético Bucaramanga)

Medios como La Vanguardia de Bucaramanga aseguran que a este vibrante duelo entraron más de 20.000 personas. Sin embargo, no se sabe con exactitud cuántos aficionados ingresaron al Alfonso López ese día. Muchos apuntan a que se vendieron más entradas de lo estipulado y que al final abrieron las puertas para los hinchas que ni boleta tenían.

Diferente a Juan Carlos fue como vio toda la situación Sergio Saturno, jugador argentino que había llegado a la ciudad de los parques hace unos meses con una mochila cargada de sueños e ilusiones, como cualquier jugador que tiene la oportunidad de partir al exterior. El deportista debutó en Talleres de Remedios y Escalada con solo 19 años, y a los 21, tras anotar un triplete, los veedores del Atlético Bucaramanga le preguntaron si quería aventurarse al por entonces vistoso fútbol colombiano, Sergio no lo pensó dos veces y empacó sus cosas para llegar al departamento de Santander siendo aún bastante joven. Empezó con un buen rendimiento con los «Leopardos», anotando un par de goles ante Millonarios y Quindio, el cual recuerda que fue dado por el árbitro a otro de sus compañeros.

Llegó el día del partido definitivo en el que los bumangueses se jugaban la vida en el torneo, pero jamás se pensó que se la jugarían también de forma literal. Entre la embriaguez de los hinchas y el sobrecupo de una cancha no tan extensa, Saturno recuerda que previo al partido todo era letal, la atmósfera y la presión de una afición que daría todo por ser campeón.

El rival era el Junior de Barranquilla, conjunto que venía de ser campeón en 1980 y contaba con jugadores como Juan Carlos Delménico y Oscar Fornari. El partido arrancó y la hinchada bumanguesa se estremeció. Armando ‘El Piripi’ Osma, quien vivía sus primeros años como jugador de fútbol y estaba en el banco de suplentes, recuerda con mucha lucidez lo sucedido. El jugador nacido en Santander afirma que, de las 22.000 personas que podía albergar, el recinto deportivo había recibido al menos a 30.000 espectadores.

El júbilo no pudo haber sido más grande para los aficionados del ‘Leopardo’ cuando a los 9 minutos, un tanto de Paruzzo desató toda la euforia de todo un departamento que llevaba más de 30 años esperando por ver figurar a su equipo. Junior empezó a igualar las acciones, pero no bastó para evitar que los vestidos de amarillo se fueran al entretiempo con la clasificación en el bolsillo.

Para la segunda mitad, el protagonista dejó de ser el ruido y la alegría transformándose en el silencio de los hinchas al ver como Omar Galván anotaba un espectacular gol de tiro libre. El tanto fue un baldado de agua fría para los locales, y Miguel Tutino anotaría el gol de la ventaja para los ‘Tiburones’ en un aparente fuera de lugar, pues según Saturno y Osma, el arbitraje del encuentro oficiado por Eduardo Peña era bastante favorable a los barranquilleros.

Equipo del Atlético Bucaramanga en 1981 (Foto vía Instagram @Sergiosaturno07)

Pero llegó la jugada de la discordia, pues Sergio Saturno sería derribado en el área del Junior y el árbitro señaló el área, la hinchada estaba loca celebrando el posible empate y coreaban cuando vieron a Saturno confiado poner la pelota en el manchón blanco. Para sorpresa de los más de 30.000 espectadores, el juez le mostró la cartulina amarilla y señalizó el saque de meta. Lo siguiente que pasó es narrado de esta manera por el archivo del lunes 12 de octubre del radio el tiempo: “Los aficionados invadieron el terreno y la policía que tenía a su cuidado la vigilancia trataba de imponer el orden, pero fue impotente para contener los ánimos de los aficionados por lo cual se hizo necesario pedir ayuda al ejército”.

“Cuando la gente ingresó al terreno de juego, recuerdo que nos divertíamos viendo como los infiltrados eludían a la policía y lograban evitar que los capturaran. Se me viene a la mente como gritábamos “Ole” cada vez que un hincha escapaba de la seguridad. Todo se arruinó cuando llegó el ejército.”, recuerda Juan Carlos sobre el comienzo del suceso que estremeció a todo un país.

El árbitro, a quien querían agredir los aficionados, salió corriendo despavorido al camerino, al igual que los jugadores, quienes poseídos bajo la impotencia y la incredulidad estaban sorprendidos en el camerino, Osma vivió la situación con mucho temor, mientras que para Saturno el impacto fue más fuerte, dado que muchas de las personas presentes lo culparon por los sucesos.

Según lo expresado por Armando Osma, el mayor error del ejército fue abrir fuego al aire, pues el descontrol se convirtió en quien reinaba por todo el Estadio Alfonso López, pues los aficionados buscaban evacuar el recinto formando un tumulto en el que incluso muchos se caían en el revuelto y eran pisoteados. Al abrir fuego, las fuerzas públicas pensaron que era una autorización y empezaron a disparar hacia varios civiles en todas las direcciones. “Cuando la policía comenzó a disparar” dijo Juan Carlos Duarte “nosotros salimos corriendo del estadio, rodeando el Alfonso López para llegar a oriental, donde estaban los estacionamientos. Una vez logramos llegar, mi tío nos escondió a mí y a mi tía, que estaba embarazada, debajo del carro y desde ahí veíamos pasar las balas que disparaba el ejército”.

En ese entonces, el ministro de Defensa, que era el general Luis Carlos Camacho Leyva, anunció que se iba a dar apertura a una investigación que no logró concretar o definir nada, al igual que las investigaciones llevadas a cabo por distintas entidades como la Asamblea de Santander y la Dimayor, a la que se le acusó por sobrecupo en el evento y consumo de licor al interior del recinto deportivo.

El saldo fue trágico: 4 muertos y más de 30 heridos reportados, sin embargo, los presentes confirman que fueron muchos más, pues según el testimonio de algunos presentes afirman que muchos muertos fueron evacuados del estadio en bolsas plásticas.

Un enemigo inocente

Sergio Saturno, protagonista del hecho que desembocó en el suceso fue el apuntado por los medios y los mismos directivos del Bucaramanga como el culpable de este deplorable suceso. “Los directivos del Bucaramanga me trataron muy mal”, afirmó el histórico delantero de conjuntos como Boca Juniors y Huracán.

Después de la tragedia, el nacido en Buenos Aires no volvió a ver minutos con el Atlético Bucaramanga, que contaba con un equipazo con nombres del calibre de Francisco Maturana o Diego Edison Umaña.

Posteriormente su carrera escalaría a tal punto de ser campeón en Boca Juniors en 1992, tras 11 años de sequía de los “Xeneizes”, logrando entrenar durante más de 10 años en las canteras de uno de los clubes más populares de América. Actualmente, se desempeña como entrenador en Club Atlético Huracán, dónde también supo desempeñarse como jugador de manera exitosa, pues afirma que es la hinchada que más cariño le ha profesado.

Pero Saturno tiene una pendiente, regresar a aquella ciudad que no visita hace 40 años y tener revancha con aquel equipo que apostó por él y que cuyos hinchas le expresaron tanto cariño, pero esta vez en los banquillos técnicos dónde le gustaría tener una segunda oportunidad con los “Leopardos” en lo que él mismo tituló como una revancha personal.

Sin duda este tipo de hechos deben quedar en la memoria y remarcarse como ejemplos históricos de lo que no puede suceder, pues el espectáculo del deporte es un escenario familiar y saludable, un elemento de construcción social basado en el deporte y la actividad física que no se puede convertir en una excusa para el vandalismo o menos para tratar de ejercer control policial mediante la brutalidad.Hay que construir nuestra sociedad y nuestro deporte y exaltar no solo los hechos representativos por lo bueno sino aquellos que no se deben repetir, ya que en nuestro país es bastante constante caer en un circulo vicioso de errores por desconocimiento, y tanto el desorden civil como la brutalidad policial son hechos que constantemente se siguen presentando en Colombia.

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